Nuevos comienzos
Andar pasito a pasito, desde la experiencia humana de correr, flaquear, juntar fuerzas y escribir.
Todo camino, todo cambio, todo intento comienza desde el mismo lugar: un primer pasito. Y continúa por el mismo lugar: paso a paso. Toda aventura de miles de kilómetros arranca así.
Ese primer paso es más chiquito de lo que creemos y mucho más transformador de lo que aparenta. Su poder opera en el silencio y en lo imperceptible, no genera situaciones que socialmente generen likes ni produce resultados grandilocuentes en lo inmediato.
Sea que el desafío se trate de una carrera, una situación o cualquier travesía en la vida, se avanza pasito a pasito.
Caja de herramientas
Vivo en la ciudad, salgo a correr en la llanura y entreno para correr en la montaña. Si bien mi historia con el running empezó hace tiempo, el capítulo de trail running es más reciente. Un capítulo intensivo lleno de epifanías que me invita a conversar por muchas horas conmigo y me enseña sobre las complejidades y maravillas de la existencia. Sin muchas expectativas me encontré con este deporte, una fuente viva de impulso y perspectiva.
Así es que practicando una actividad –aunque esa síntesis no hace justicia a lo que es el running– fui cultivando y cosechando experiencias policromáticas que me permiten visualizar colores increíbles y también encontrarme en mis sombras. Paulatinamente, sin programarlo, fui construyendo en el movimiento una caja de herramientas para usar donde lo requiera en este camino que es la vida.
Uno de los tantos tesoros que me ha dejado este deporte es una escena muy nítida de la última carrera que corrí. Era una mañana de noviembre, en un día con condiciones óptimas para correr. Los rayos de sol se intercalaban entre las copas de los árboles que rodeaban el sendero amplio por el que venía ascendiendo el cerro Otto. Las piernas ya empezaban a arder y sentía el cansancio de la subida, costosa pero fluida entre zancadas y latidos acelerados. En ese lugar que parecía una pintura miré arriba hacia donde tenía que subir, el final de una cuesta no tan larga como empinada, y se disipó la hipnosis del paisaje. Un pensamiento cayó como un rayo y por un instante me frenó: no puedo subir esto.
Mi entrenamiento para esa carrera era sólido y no tenía de qué preocuparme, pero ese pensamiento llegó como un arrebato que me sacó de eje y puso en primer plano la quemazón de los músculos. En ese instante sinceré el cansancio que venía gestionando con una afirmación rotunda de no doy más.
De repente, como si alguien me arrojara un paquete en un instante de confusión, se abrió la caja de herramientas y agarré lo primero que tenía a mano: pasito a pasito. Ahí recibí ese mensaje y me pregunté si podía dar el siguiente paso, sin importar el ritmo. Sí, vamos.
Puse el foco en el movimiento para dar un paso, chiquito, casi insignificante en el trayecto a encarar. Después me enfoqué en dar el siguiente, y así sin mirar lo que seguía, pensando nada más que en el movimiento que tenía que hacer. Cuando finalmente pude llegar a la cima que había visualizado como inalcanzable, saqué captura de ese momento y me dije: mirá cuántas cosas parecen inalcanzables y al final se llega, mirá cuántas cuestas pude subir.
Esa escena quedó tatuada en mi mente y la vuelvo a mirar cuando necesito un respaldo para encarar otras montañas que se ven inalcanzables, cuando las metas son ambiciosas y alcanzables sólo a través de caminos arduos, cuando los procesos que hay que atravesar plantean desenlaces que parecen alejarse cada vez más.
La ansiedad por llegar
Andar pasito a pasito, un paso a la vez, permite desglosar la montaña y experimentar el movimiento presente sin desarmarnos en el intento de avanzar a grandes saltos.
No se trata de una oda al movimiento y de andar porque sí sin rumbo o sin brújula. Parte de la fuerza que nos impulsa radica en esa intención de alcanzar un logro, de generar un cambio, de encontrar algo, de imaginarnos cruzando ese arco de llegada que nos atrae magnéticamente.
El punto está en pretender saltar hacia una meta lejana sin atender el tiempo necesario para cualquier transformación duradera. El conflicto está en ya querer haber llegado antes de haber empezado el recorrido. En marchar detrás de una zanahoria y pretender comerla sin llegar a saborearla.
En aquella montaña me adelanté a lo que venía y evalué el final del tramo, en lugar de atender los movimientos que estaba haciendo y cuál era el siguiente paso. Mi imaginación dio un salto y se adelantó, y mi mente se agobió de solo pensarlo. Pero ese primer paso consciente que di como antídoto al bloqueo, fue tan poderoso que corrió el foco de la frustración y volvió a poner en el centro lo inmediato y abarcable.
Una mirada hacia el allá lejano sin visualizar el acá cercano genera frustración. Desde esa sola perspectiva le damos a la mente un tanque para tragar de una, generando tensión y resistencia. Atender el paso actual, las coordenadas de nuestro camino, permite atender a qué necesitamos en este preciso momento.
Intermedios
El filósofo Byung-Chul Han, en El aroma del tiempo, señala que el camino que separa un punto de partida de una meta es un intervalo espacio-temporal constitutivo de la meta que se busca alcanzar. El camino hace a la meta y la meta al camino.
Destaca la relevancia y el misterio de esa travesía, y explica: “El intermedio que separa la partida de la llegada es un tiempo indefinido, en el que hay que prever lo imprevisible. Pero también es el tiempo de la esperanza o de la espera que prepara la llegada”1.
En ese intento acelerado de llegar a aquél lugar deseado, tratamos de suprimir todo lo que está en el medio. Byung-Chul Han destaca que “Cuando uno se dirige únicamente a un objetivo, el intervalo espacial hasta el destino solo es un obstáculo que debe superarse lo más rápido posible. La orientación exclusiva hacia una meta hace que el espacio intermedio no tenga ninguna importancia, lo reduce a un pasillo sin valor propio. La aceleración es el intento de hacer desaparecer el intervalo temporal necesario para la superación del intervalo espacial”2.
Quizás el camino sea difícil, confuso o plagado de incomodidad, pero sabemos que allá a lo lejos en el tiempo y en el espacio nos aguarda una meta que vale la pena. Sin atravesar obstáculos y resolver situaciones que se nos presentan en el camino, terminar la carrera pierde su gracia.
Por otro lado, si consideramos únicamente lo inmediato perdemos de vista la perspectiva y “se elimina cualquier distancia o lejanía. Se trata de hacer que todo esté disponible aquí y ahora”3. Queremos ya todo acá.
Entonces la linea de llegada puede convivir con el presente. Cuando suprimimos todo lo que no sea el aquí nuestro accionar se reduce solo a una yuxtaposición de pasos perdidos. “La totalización del aquí aleja el allí. La proximidad del aquí destruye el aura de la lejanía”4. En ese intermedio es que se expresa nuestra fuerza creativa para sortear lo que se presenta en el camino y llegar transformados después del viaje.
A través de ese lente
Prestar atención en el paso a paso hace que el camino transcurra distinto, la carrera se vuelva más intensa y se saboree mejor. Entonces aparecen algunas ideas:
Todo paso cuenta, por más insignificante y simple que parezca. Los grandes logros se alcanzan por una acumulación de pequeños gestos que parecen insignificantes e imperceptibles.
No dar un paso según nuestros planes no anula lo recorrido.
Haber dado muchos pasos no garantiza que demos el siguiente. Se trata de muchos primeros pasitos.
El paso siguiente está acá al alcance, disponible para volver a intentar.
Los aplausos se escuchan en la línea de llegada, pero el paso más transformador se da silencioso en la línea largada interior.
La validación interna de nuestros pequeños pasos ayuda a confiar en el proceso, aceptando los logros y fracasos que encontramos en el camino.
No podemos eliminar el tiempo necesario para achicar la distancia que separa dónde estamos de dónde queremos estar, si no andando con paciencia, intentándolo una y otra vez, y otra vez más.
“una vida creativa se basa en muchos y muy pequeños pasos y en muy, muy pocos saltos”5
En mi caso, la fuerza del pasito a pasito se manifiesta en los desafíos y lo que transito mientras corro. Hoy se expresa en este primer ensayo del proyecto que arranco con mucha emoción: Pasos y Trazos.
Byung-Chul Han, El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse, Herder Editorial, 1a ed., 2015, p. 60.
Ibíd., p. 61.
Ibíd.
Ibíd., p. 62.
Julia Cameron, El camino del artista, Santillana Ediciones Generales, 2011, p.109.




Me encantó! Que hermosa manera de describir esto que tanto nos apasiona y nos hace ver las cosas lindas de la vida, gracias ❤️❤️❤️❤️
Un consejo para aplicar a una cantidad infinita de ámbitos de la vida, para vivir con más paciencia y amor. Sos una gran inspiración amiga ♥️