Lo que nos mueve
Sobre la motivación y lo que se enciende en el camino
¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿De dónde sale eso que nos hace movernos? En los días más aplastantes, ¿qué es lo que nos hace ponernos las zapatillas y salir igual?
Hay una palabra que aparece todo el tiempo, que escuchamos y repetimos, especialmente en el deporte y aún más en el running: motivación.
Me dio curiosidad y me puse a indagar un poco. Busqué algunas fuentes que me gustan, tratando de entender mejor de qué se trata. Encontré ideas interesantes, ciencia bajada a tierra y hasta una técnica muy concreta para probar.
De todas las hadas, ¿me tocó ser la motiv-hada?
Asociada con una fuerza mística que aparece de la nada, la motivación parece ser un prerrequisito antes de emprender algo: primero tiene que estar, y después actuamos. Suele asociarse a algo que debería estar antes de probar algo nuevo o embarcarnos en un viaje río abajo o cuesta arriba, como si una varita mágica nos tocara y surgiera eso que nos empuja a actuar.
Resulta que sí tiene fuerza y algo de misterio, pero no en ese orden. Si vamos a la palabra en sí, ya tiene una pista: proviene de motivus (movimiento) y -ción (acción y efecto), algo que nos lleva a actuar. No se trata de algo abstracto, sino que se ejerce en la práctica.
Es causa y efecto: nos movemos y algo aparece. Se arma un ida y vuelta entre acción y motivación, como cuando salimos a correr sin ganas y recién al rato (o a los días) nos sentimos a gusto.
La motivación no es simple. No aparece igual para todos, ni cuesta lo mismo sostenerla. Todos la hemos conocido y también su ausencia. Es un elemento clave para las acciones cotidianas, para avanzar hacia las cosas que nos resultan importantes y para sostener la dirección de nuestro movimiento incluso en los momentos en que no tenemos ganas. Nos permite desligarnos de lo inmediato para encontrar la gratificación más adelante.
Como casi todo en la vida, es algo dinámico y no depende de un único factor. En esta búsqueda fui encontrando otras piezas: la acción (que aparece antes), la incertidumbre y la voluntad.
El vals
La vida se convierte en un vaivén constante de motivación y desmotivación, un baile de aquí para allá. Incluso en cosas que elegimos (un hobby, el running, un modo de vida) también aparece el desgano.
Muchas veces vamos en piloto automático, hasta que de repente falta ese ímpetu que nos encendía. Y se nota.
Ahí aparece otra cosa: la voluntad, la pareja de la motivación, que nos lleva a hacer. Y esa relación equilibrada es la que nos permite sostener los avances.
A veces seguimos sin ganas, confiando en que vamos a encontrar algo en el camino. Y otras veces frenamos, porque eso que nos hacía sentido ya no está.
Después de engancharme con el running, también me pasó: momentos en los que las ganas se diluyen y empiezo a cuestionar todo. ¿Realmente es algo que me gusta? ¿Cómo debería sentirse hacer algo que elijo? Entre tanta pregunta, fue momento de frenar un poco, replantear objetivos e intensidad.
Fui entendiendo que cada tanto vale la pena frenar y analizar, para ver si sigue ahí esa chispa. Pero no todo día sin ganas es una señal. A veces es solo eso: un día, una semana sin ganas, que no requiere calibrar la dirección. No siempre voy a estar igual de motivada, incluso cuando estoy haciendo algo que me importa. Ahí aparece la voluntad, sosteniendo cuando no hay ganas.
Pero también es válido que algo que deseábamos ya no resulte tan atractivo. Parafraseando a Heráclito, nadie corre dos veces la misma carrera. Todo nuestro cuerpo, nuestras células y órganos se renuevan; también los sueños y las historias que nos contamos, y lo que consideramos importante.
Afuera y adentro
La motivación es el ímpetu que da propósito o dirección a lo que hacemos. Está ligada directamente a lo que consideramos importante.
@psi.mammoliti
En el deporte conviven metas externas e internas, que se reflejan en fuerzas motivadoras.
A veces nos mueve algo desde afuera: un resultado, una marca. Es la fuerza de motivación extrínseca que nos motiva por premios o castigos. Usando este sistema podemos dividir una meta en pasos más cortos para ir consiguiendo pequeñas recompensas. Tildar casilleros de pequeños objetivos alcanzados puede funcionar como un sistema de auto premios hasta que aparezca esa motivación más duradera.
Otras veces hay algo más interno que nace de adentro por algo que nos hace sentido. La motivación intrínseca es la más intensa y potente porque se trata de algo único y personal que consideramos valioso. Además, este tipo de motivación es la que me deja más recuerdos y tesoros, no por la cantidad, sino porque le da un sabor más duradero a mi historia, como el recuerdo de aquel día.
Ese día, en los últimos segundos antes de largar la carrera, inspiré, miré al cielo y me pregunté. Estaba en medio del tumulto, en las primeras filas atrás del arco de largada, rodeada de cuerpos tan emocionados como yo. Todos amontonados, hombros con hombros, últimos suspiros, dando pequeños movimientos frenéticos para descargar por algún lado la tensión. La panza revuelta, habitada. Cerré los ojos, volví a mí, me aislé de toda esa multitud. Por un instante dejé de escuchar la música enérgica que acompañaba el momento. Ahí me olvidé de todo, no había nada más que esas preguntas. ¿Por qué hago esto? ¿Por qué estoy acá, una mañana fría de mayo? Había llegado ahí el día anterior y volvía esa misma tarde. Miré al cielo, como pidiendo que responda por mí, rogando una certeza a último momento. Y la respuesta se sintió en todo el cuerpo. No estaba en el pasado ni en ninguna promesa. La respuesta estaba ahí, yo ya la sabía, pero se sentía raro asumirla. Lo hacía por mí, por vivir y regalarme un momento, porque sí.
Lo había soñado, visualizado y ansiado con toda mi fuerza.
De: mí, para: mí.
Otra mirada
La motivación es una basura. Nunca está ahí cuando la necesitas.
Mel Robbins, NBC News
Esta semana encontré cosas interesantes vinculadas a la motivación, como cuando uno apunta la linterna hacia un tema y las cosas aparecen solas. O, menos romántico, como si el algoritmo ya supiera de mis últimas búsquedas.
Me crucé con una idea: que la disciplina mata motivación, que la motivación es efímera y la disciplina no. Lo primero que pensé fue: no estoy de acuerdo. Después fui matizando y entiendo que la disciplina es un componente esencial para movernos hacia lo que queremos; pero, por otro lado, solo disciplina y acción, sin preguntarnos para qué, puede llevarnos a perseguir estándares y deseos ajenos.
Y en medio de todo esto también me crucé con la historia de Mel Robbins. Corría el año 2008, Mel tenía 41 años, 3 hijos y estaba en uno de los momentos más difíciles de su vida: endeudada, sin trabajo, con problemas de alcoholismo, al borde del divorcio. Se sentía en las antípodas de la motivación, atrapada en una nube de miedo, vergüenza, procrastinación, depresión y ansiedad. Levantarse de la cama, algo automático para la mayoría, a ella le costaba todos los días.
Un lunes a la noche, viendo televisión, vio el despegue de un cohete. Cuenta regresiva: 5, 4, 3, 2, 1. Y ahí se propuso una tarea para la mañana siguiente: cuando la alarma sonó, contó hacia atrás desde 5 como el despegue de un cohete, y se levantó tan rápido que no le dio tiempo de pensarlo demasiado.
En un momento tan difícil pudo encontrar un truco para forzarse a actuar, y lo que al principio resultaba agotador, fue lo que la puso en marcha y que generó la continuidad para seguir.
Mel dice algo bastante crudo: “la motivación es una basura”. ¿Por qué? Porque nunca está ahí cuando la necesitas. Su punto es que esperar a que aparezca la motivación es un error. No va a llegar, nadie va a llegar a rescatarnos para actuar por nosotros.
Actuar incluso cuando no nos sintamos listos, porque quizás nunca va a parecer que estamos en el momento adecuado. Lo que deseamos lograr implica pasar por momentos incómodos y hacer cosas que no nos gusten. Y, para ella, la regla de los 5 segundos fue su manera de resolver su parálisis y lanzarse a hacer lo que podía hacer en lo inmediato.
5, 4, 3, 2, 1 hablar
5, 4, 3, 2, 1 caminar,
5, 4, 3, 2, 1 escribir,
5, 4, 3, 2, 1 enviar,
5, 4, 3, 2, 1 preguntar,
5, 4, 3, 2, 1 ponerse las zapatillas.
La cuenta regresiva del despegue cierra la brecha entre idea y ejecución, porque si nos damos más tiempo nos convencemos de no hacerlo. Cuando aparece una idea y pensamos en hacer algo, empieza lo que Mel denomina “el momento de vacilación de 5 segundos” en el que dudamos y buscamos pretextos para no actuar.
Aparece un impulso. Si no hacemos algo, lo dejamos pasar y la idea se pierde entre excusas. Haciendo algo físico nos unimos con la idea: anotarlo, mandar un mensaje, pararse, decir algo en voz alta. Las excusas aparecen rápido, pero ese primer pasito también está a mano.
Incertidumbre
También nos mueve lo incierto. No saber qué hay después de esa curva, esa cuesta o ese kilómetro, nos atrae. La incertidumbre también es una inyección de motivación. Podemos tener metas e imaginar situaciones, pero siempre está el condimento de lo que pueda sorprendernos en el camino que no conocemos.
Por momentos ansiamos el control, el tomar las riendas. Pero si me spoilean cómo va a ser exactamente la carrera, todo lo que va a pasar, cómo me voy a sentir y cómo va a terminar, pierde todo el encanto. Lo desconocido nos tira, es un cebo para la curiosidad, y convertirnos en exploradores de nuevas aventuras es una renovación constante de motivación. Nos imanta avanzar, explorar qué hay más allá, ver hasta dónde se puede ir.
También está la posibilidad latente de encontrar ese momento en que todo cobra sentido. Ese instante de conexión total, de pura entrega, que quizás dura solo unos segundos dentro de los meses, años, que llevó prepararse, pero que hace que todo valga la pena. Quizás sea un abrazo a la llegada, revivir un recuerdo, una sonrisa genuina que volveríamos a buscar, por lo que volveríamos a hacer todo de nuevo.
Ejecución y dirección
Después de meterme en este tema, me quedo con esto:
Empezamos, con o sin ganas, y en el camino algo se enciende. No siempre de la misma forma, pero algo pasa.
No se trata solo de hacer, también importa hacia dónde.
Muchas veces avanzar con dudas y con pocas ganas es parte del camino a convertirnos en eso que aspiramos.
Replicando la cuenta regresiva del lanzamiento de un cohete: 5, 4, 3, 2, 1, publicar.
Nota de la autora: Lo que encontré en esta primera incursión me resultó revelador. Probé la técnica de Mel en algunas situaciones incómodas en las que las emociones me tiraban a quedarme en el molde. Y funciona. A veces alcanza con probar.
Fuentes en las que me apoyé para escribir esto (muy recomendadas):
Podcast: Psicología al Desnudo - Motivación 0: ¿Por qué nada me motiva?
Podcast: La Fórmula Podcast - “Sabemos qué hacer pero no lo hacemos”: la ciencia de la motivación con Mariano Sigman
Video: Cómo dejar de joderte | Mel Robbins | TEDxSF
Video: Mel Robbins: 5 Seconds Rule
Podcast: The Mel Robbins Podcast - Motivation is Garbage



