Correr a la perfección
Espero que te encuentres bien. Hoy me acordé de la charla que tuvimos el otro día. Quiero escribirte sobre algo que tengo en mente desde entonces, que creo que te vendría bien tener presente: correr es, ante todo, correr a la perfección. Y te quiero contar por qué.
Seguro ya te enganchó la idea y estás por tomar apuntes para ver cómo podés sumar perfección. Pero no se trata de ninguna fórmula novedosa y no requiere aprender nada nuevo. Esta idea implica algunas cosas y suelta muchas otras.
No significa que tenés que correr perfecto, ni que evites hacerlo si no es perfecto, ni mucho menos resignar mejoras. Quiere decir que cada vez que corrés, dejás de lado la perfección. Y por eso me gustaría que te sientas contenta.
Sí, sé que puede sonar raro alegrarte por eso. Es que la perfección es un ideal ficticio que se mueve todo el tiempo. Podés esforzarte por buscarla, pero es una lucha eterna. Aunque esa batalla parezca dar resultados, muchas veces son solo síntomas del desgaste. Es como querer alcanzar un globo que sube y sube siempre más alto. De por sí es inalcanzable, hagas lo que hagas va a ser insuficiente para conseguirlo.
Lo que digo no es incompatible con tu búsqueda de subir la vara y desafiarte. Pero cuando estás haciendo algo que no requiere un rigor estricto, ¿por qué usar la vara como fuente de autocrítica? ¿Por qué una vara para los demás y una más pesada para vos? Fijate cuánto de eso te bloquea, te condiciona y te impide soñar alto sin exigencias. Cargarte más no te asegura llegar más lejos.
Me pregunto cuál es el fin de la excelencia. Eso también puede volverse demasiado y empezar a jugarte en contra. Porque si los estándares son inalcanzables, si siempre pedís más y depositás tanto en tus logros, incluso tu propia valía, solo terminas alimentando la insatisfacción. A veces, en vez de ayudarte, esa búsqueda termina haciéndote sentir insuficiente.
Como dicen, lo perfecto es enemigo de lo bueno. No es necesario hacerlo bien para hacer algo, así aprendiste a andar en bici y corriste tu primera carrera. Partís y hacés desde donde estás, equivocándote. No quiero sugerir que andes sin prestar atención, sino a lanzarte a probar lo incierto.
Podrás decirme que lo que buscás es mejorar y crecer, con un motivo valioso. Pero tené cuidado con confundir la búsqueda de la mejoría con necesitar ser algo más. No necesitas nada más, ser reconocida por nadie, ser más rápida ni ser mejor para vivir lo lindo del deporte. Sos suficiente en este momento, en estas circunstancias.
Igual sé que no es tan fácil. Conozco lo que te condicionan tus voces críticas, esas que están muy cómodas parloteando desde el sillón, esas que opinan y te etiquetan sin moverse. Esas que conocen tus puntos débiles y te comparan solo para hacerte sentir inferior, hagas lo que hagas, logres lo que logres. Pero cuando salís a correr, algunas no llegan a colarse en el viaje, y con cada paso se van desprendiendo las que quedan agarradas a las piernas. Correr a la perfección implica saberte imperfecta, sin que eso sea motivo de críticas.
No te culpes, querés aprender pero aprendiste que el error significa algo negativo. Los aplausos van dedicados a los logros, a lo sobresaliente y los intentos quedan en silencio. Suena confuso, el ruido está en un lado y lo importante queda tapado. Pero el error es parte del camino del aprendizaje y de todo lo que buscás. Equivocarse es parte de ser humana, y no equivale a estar fallada ni en falta.
Pensá en los pasos que diste, que te enseñaron que animarte aún con inseguridades tiene su recompensa. Pensá en las carreras que corriste, con más dudas que certezas, con nervios, pero todas fueron un regalo. Llegaste distinta, subiste las perillas de la confianza y la valentía.
Mejorar implica errar, hacer lo posible, agradecer la equivocación como parte del proceso y también el logro invaluable de haberlo intentado. Es ahí donde aparece la chispa del momento, con toda la queja, la incomodidad y frustración que puedan surgir. Y ahí está lo impredecible que hace que cada recorrido sea distinto.
Por más que las voces del sillón critiquen, cuando salís a correr las dejás atrás. Cada vez que corrés, aunque no te des cuenta, corrés a la perfección.




